martes, 24 de marzo de 2015

Félix Retamero Pérez



                    Escrito por Luis Gallego Ponce militante de CNT-AIT Málaga 

Militante de las J.J.L.L. de la Barriada de Huelin a las que dio todo el vigor de su rebelde e inquieto espíritu revolucionario.

Era miope, aunque se obstinaba en disimularlo sin poder conseguirlo. Miraba siempre al suelo, como buscando un pretexto para ocultar su defecto óptico.

¡ Cuántas veces saludaba al desconocido y pasaba desapercibido ante el compañero que buscaba con afán !. Pero Félix solo era corto de vista, ya que su cerebro veía mucho mas claro que el de muchos linces que son verdaderos miopes intelectuales. Su sangre fría en los momentos difíciles, su tranquilidad frente al peligro, su alto concepto de la solidaridad y del amor, le abrió las puertas de la amistad, el respeto, y el cariño de quienes le trataron íntimamente.

Félix Retamero había concentrado toda la fuerza que le faltaba a sus ojos, en su noble y generoso corazón de hombre, de rebelde, de anarquista. Casi siempre le veíamos acompañado  de su mejor amigo Manuel Gallego, de quien ya hemos hablado. Los dos solos hicieron mas labor práctica que muchos grupos.

En el año 1933, había en el puerto de Málaga un capataz, cuya alma de negrero poníase al descubierto en su trato con los obreros, a los que hablaba con su peculiar grosería de  " guapo de taberna”. Este individuo era la persona de confianza del Sindicato Patronal, cuya presidencia estaba garantizada por el mas inhumano de los seres; Petersen. El odio del amo y del lacayo se elevaba al cubo cuando tenían enfrente a un militante del sindicato de transporte afecto a la C.N.T.

Un día se encuentran  en la calle de Mármoles, Gallego, Retamero y Kindelan. Félix, para al capataz y le conmina para que tenga un poco de conciencia con los trabajadores y deje de ser tan grosero.

- No te olvides, le dice que el  respaldo  de los viejos trabajadores está garantizado por una juventud que no sabe pedir perdón a quien le pisa.

Kindelan contesta con algunas chulerías de su repertorio y, sacando una pistola dispara a quemarropa contra nuestros amigos, alcanzando  el brazo izquierdo de Gallego, Félix responde, hiriendo a su vez al capataz en un pie, afortunadamente ambas heridas son leves. Es Félix el que hace la primera cura a su amigo, con más voluntad que experiencia.


Varios días después, Félix es detenido por la policía. Careado con Kindelan, éste le reconoce cómo el autor de su herida, pero aquella noche cuando este entra en el portal de su casa, se encuentra con un joven brazo en cabestrillo, quién antes de cerrar la puerta le habla al acusador de  Félix  y le hace comprender lo bueno que sería para su salud una rectificacion en sus declaraciones y, en su proceder en lo sucesivo. Las razones deben de ser convincentes por cuanto Kindelan vuelve a comisaría para manifestar haber cometido un error al acusar a Félix, con tal convicción ( fingida desde luego ) defiende a nuestro amigo, que la policía, conociendo su actitud de  " guapo ", no vacila la en poner en libertad al detenido, siendo éste el primer sorprendido por éste cambio brusco de actitud.

Suenan disparos por todos los barrios de Málaga, nuestro amigo Cerón cae herido por la balas de la guardia civil en el puente de Santo Domingo. Los fascistas se han lanzado a la calle, y en ella se encuentran a  Félix Retamero que les hace frente con heroísmo sin igual. En todos los sitios de peligro veíamos al  " cegato " con sus amigos Gallego y Frasquito Aguilera.

Málaga es entregada al fascismo por el coronel Villalba y por la cobardía de un gobierno que niega las armas necesarias para su defensa porque " había demasiada influencia anarquista”. Félix cómo tantos otros, hace a pie los 210 kilómetros que separan Málaga de Almería. Debido a su defecto en la vista, los compañeros le convencen que haría más labor en retaguardia que en el frente,  en Almería y Adra, ocupa cargos de abastecimiento donde procura  ser  equitativo y justo con el cumplimiento de tan difícil puesto. Cómo se perdió Málaga, se perdió España, por casi idénticas causas, que, nadie se ha atrevido a analizar, por temor a acusarse a si mismo. En Adra tenían preparada una barca con destino a Orán, pero Félix era leal hasta la exageración.  Por esperar la llegada de su amigo Gallego, pierde la misma. Se interna hacia el centro del país. Su mejor refugio está en la zona que había estado ocupada por los fascistas.

Durante varios años todos ignoramos lo que había sido de Félix. ¿ Lo habrán fusilado ?.
¿Estaría en el extranjero? Todos comentábamos con reservas, porque nadie conocía la verdad.

Casi habíamos olvidado a nuestro amigo, preocupados por la gravedad de nuestra propia situación, cuando, por razones que no vienen a cuento, tuve que ir a Madrid. ¡Cual no sería mi sorpresa al ver descender del mismo tren que yo iba, a nuestro amigo. Llevaba una maleta en cada mano. Le seguí de cerca y, lejos de la estación me acerqué a él saludándole. Me miró cómo hombre que ve bien; después puso las maletas en el suelo acercándose unos pasos hacía mí, al reconocerme se abrazó con esfuerzo. De sus labios salían atropelladamente las palabras.

Me preguntaba por los compañeros y antes que le respondiera me pregunta por otro y otro,  ¿y fulano? ¿ y mengano ? ¿ y el otro ?.


Luego ya un poco más tranquilo, me mira fijamente y me dice ¿ y tu hermano ?. Le expliqué que había muerto luchando en la Sierra de Alozaina. De sus ojos miopes se desprenden gruesas lágrimas que reflejaban claramente lo dolorosa que era para él esta noticia.

- Déjame que lleve estas maletas, o ayúdame a llevarlas  luego iremos a comer, cosa que hicimos  después de dejar las maletas en su destino. Me condujo a la puerta de la Cebada, donde entramos a reponer fuerzas. Me contó sus odiseas; cómo logró escaparse varias veces de las garras de la policía, cuantas veces estuvo expuesto a ser asesinado; en fin una larga narración que para mí no era extraña, porque era la historia de todos los perseguidos.

Cogidos del brazo recorrimos medio Madrid aquella noche. Unas veces tenía yo que esperar a que el cumpliera con su deber, otras, era él  al que tocaba esperar, en ocasiones hasta más de una hora a que yo cumpliera con la misión que me había llevado a la Capital. Cerca de las dos de la madrugada, cuando en la esquina de la calle Hermosilla nos despedimos con un apretón de manos. Él, se fue desconociendo mi dirección y yo la suya. Nos habíamos visto dos que nos creíamos muertos y con esto bastaba.

En la nochebuena del año 1946 vuelvo a ingresar en prisión, acusado de organización clandestina. Once meses después, es decir en noviembre de 1947, veo a Félix en el  llamado
“centro ", rodeado por varios oficiales. Inútil hacerle ninguna señal, no me reconocería en los doce o trece metros que nos separaban.  Con su calma habitual, lo veo dirigirse a la celda de ingresos.

Con un  " limpia "  le envío unos cigarrillos, (aunque sabía que no fumaba desde antes de la guerra) una manta y algo de comer. Algunos días después sale al patio y hablamos de todo y sobre todo de su detención. Tenía que suceder - me dice -. Yo iba en el tren cuando un policía de la Brigadilla Social de Málaga me reconoció. Al llegar a la estación fui detenido y conducido a la Dirección General de Seguridad, desde donde fui transferido a la prisión de Málaga al estar reclamado por varios juzgados.

Hablamos de su situación. Se mostraba algo optimista. Han transcurrido muchos años y, esto me ha de vale para algo. De haber caído al principio, estaría criando malvas.

Yo le miré con pena; sus ocho años en libertad le habían hecho creer que el fascismo había cambiado. No quise mostrarle mis inquietudes, pero si creí que deba prevenirle; no debes dormirte, el fascismo no perdona a sus enemigos.

Meses después asiste al consejo de guerra. De él vuelve cómo me temía; con la pena de muerte, pero viene tranquilo. Cuando soy autorizado para hablar con él, me dice
-Tenías razón, el fascismo no perdona. ¡Qué le vamos a hacer, paciencia!
H
ablamos de todos los compañeros que había sido  " sacados”. Se interesó sobre todo por su comportamiento en los momentos finales. Yo le respondía y explicaba la conducta valiente de todos, después de reflexionar me dice

- Yo creo que la valentía la da el saber que se muere por una causa justa. Y ya no nos volvimos a ver más.

      Varias noches después entra en su celda el jefe de servicio, precedido del Director Miguel Martínez Casas que trata de animarlo.

- No se preocupe por mí, tengo el suficiente valor para mirar a la muerte cara a cara, cómo han sabido mirarla todos mis amigos.

Al entrar en la capilla rechaza los servicios del  " trabucaire " Felicísimo Rivero de Huarte. En la madrugada  es entregado a la guardia civil. Según comentario de los oficiales, salió tranquilo y sereno, como si en vez de ir hacía la muerte, fuese hacía la vida.

Félix Retamero Pérez, el joven de la barriada de Huelin, murió emulando a sus compañeros; desafiando a la muerte y dando vida a la libertad que el ya no podría disfrutar en vida.

En la misma fosa común se unió su cadáver al de muchos de los compañeros que estamos recordando y a los que se debería recordar sobre todo en los momentos difíciles, para aprender cómo deberíamos vivir quienes amamos las ideas de estos verdaderos; HÉROES DE LA LIBERTAD.


Nota
Según la base de dato del navío anárquico de la  Asociación Isaac Puente.
Félix Retamero Pérez, Militante CNT y de las JJLL en Málaga. Fue Fusilado en Málaga, 22-9-1942.



1 comentario:

  1. Agradecemos a Francisco Cortes las palabras de afecto hacia mi tío Félix Retamero Perez.
    Siempre ha estado presente en nuestra casa y en nuestras vidas.
    Vivió y murió por un ideal y ese mismo ideal permanece en nosotros.
    Gracias. Rosa Burgos Retamero.

    ResponderEliminar